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08.10.2014
Desde hace muchos años escucho el símil de “nuestra mochila” en referencia a una “mochila mental” en la cual cada ser humano es portador de ese “mundo de creencias” que configura el particular punto de vista del ser humano.
Esta “mochila” transporta nuestro “modelo mental” que nos hace diferentes a otros semejantes pues si bien compartimos creencias propias de nuestra mochila con otros “mochileros”, la configuración de la nuestra es única e irrepetible pues la hemos “llenado” a base de nuestro bagaje evolutivo (también lo que nos han dicho y repetido nuestros mayores) y a cómo nosotros hemos interpretado todo este recorrido.
Este “modelo mental” comporta, entre otras cosas, creencias acerca de quién soy yo (fortalezas y debilidades) y por tanto de mi valía; el cómo percibo a los otros (mejores o peores que yo); el cómo observo la realidad que percibo (percepción de oportunidades o amenazas y el tipo de influencia que yo tengo para cambiar este entorno); y cómo pienso que va a ser mi futuro (esperanzador, ilusionante, incierto o amenazante).
Para mí, “el mundo” en el que habitamos (me refiero exclusivamente al mundo consumista y competitivo propio de sociedades del bienestar), altamente ambiguo, complejo, incierto y de cambio acelerado, requiere “revisar” nuestra mochila y quizá hacer algunos “intercambios de creencias” para adaptarnos mejor a este nuevo hábitat (sobre todo a los que ya estamos, sobrepasamos o nos acercamos al medio siglo de antigüedad).
Al igual que haría cualquier aventurero o explorador, para este nuevo entorno debemos replantearnos algunas de nuestras creencias (identificar las que más nos limitan) para “responder” de forma exitosa al nuevo hábitat y no solo sobrevivir en él.
Estos cambios serán más necesarios y urgentes en función de diferentes variables. Hoy quiero centrarme en los dos que con mayor frecuencia observo en mi día a día profesional:
- El caso de líderes que gestionan equipos humanos y requieren conseguir unos objetivos en entornos o sectores saturados, de enorme competitividad y con alta exigencia en los resultados.
- Personas que necesiten adaptarse a los nuevos roles o funciones y están teniendo dificultades para asumirlos.
- El conflicto debe evitarse a toda costa pues no trae nada bueno.
- Los cambios amenazan mi seguridad y ponen al descubierto mis carencias.
- No quiero dar feedback de mejora pues no quiero incomodar o hacer daño.
- El cometer errores amenaza mi prestigio y me pone en peligro.
- Es mejor no decir lo que piensas pues generaré rechazo y me quedaré solo.
- Para no fracasar necesito controlar al máximo todo lo que hago.
- Identifica una creencia que te esté limitando en la consecución de tus resultados o de tu felicidad y escríbela en un papel.
- Analiza qué impacto tiene y ha tenido en tu vida en cuanto a peajes. Por ejemplo, qué comportamientos y emociones has tenido que soportar por el hecho de evitar el conflicto, y cómo han impactado en tu vida a posteriori.
- Reflexiona acerca de qué estás preservando de cara a no entrar en conflicto y cómo puedes disminuir ese miedo o limitación tratando de ser objetivo al máximo, enfocándote en soluciones y cuestionando o reformulando estas interpretaciones.
- Reformula la creencia original (la del punto 1) de una forma en la que te aporte beneficios. Aquí la pregunta es ¿Qué me podría aportar de positivo?
- Busca herramientas o técnicas que te ayuden en este cambio de creencias y, por tanto, de comportamientos.
- Busca entornos o personas para poner en práctica la nueva creencia empezando por las situaciones más fáciles que estén a tu alcance.
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